miércoles, 11 de noviembre de 2009

Version 1.0


Moi es un niño solitario obsesionado con los aviones. Ismael, su padre, es un tipo inseguro incapaz de mostrar cualquier tipo de afecto. Aurora, su madre, es una mujer luchadora e independiente que sostiene el rumbo de la familia. Sin embargo todo se tuerce al desaparecer ésta en un accidente de aviación. Ni el padre ni el niño aceptan esta nueva situación. Ambos deciden fingir y hablar de la madre como si en cualquier momento fuera a aparecer. El padre se siente impotente ante su incapacidad para llenar el vacío de la madre y termina abandonándose a la bebida. Por su parte el niño se convence de que si es capaz de volar, de mantenerse en el aire, acabará encontrando a su madre. Ante esta situación desesperada un nuevo inquilino llega al barrio, lo llaman “El Alemán” aunque ese no sea su verdadero nombre.

Moshe antes de convertirse en Markus

Vengo del pesar de un pueblo con historia, soy un superviviente de un lugar donde han sucedido ya todas las cosas, donde no hay más esperanza que el silencio, me llaman por mi nombre y no respondo, cruzo la calle sin mirar atrás y corro hasta colarme en un agujero, cierro los ojos y mantengo la respiración, soy la última plegaria de una tribu de supervivientes, la letanía de un loco que se cree invulnerable y quizás sea invulnerable, soy mi voluntad y el desasosiego, soy las ganas de vivir y la fuerza inagotable de mis brazos, no tuve alternativa, lo juro, tuve que hacerlo, quería vivir, quería pasear por la calle como todo el mundo, sin que me insultaran, sin que me patearan, quería más que nadie brindar por la vida, quería sus casas, sus mujeres y sus negocios, lo quería todo, pero me lo negaron, ¿acaso no me había esforzado lo suficiente, no había estudiado y cantado ese maldito himno, no había comido en sus casas como ellos lo hicieron en la mía, acaso no era tan alto y rubio como ellos, por qué entonces tantas distinciones, por que diablos me dieron la espalda, mis amigos, mis vecinos, mi pais?

Moshe ante su enfermedad

Para ser otro hace falta un control sobrehumano, para no delatarse, para callarlo todo sin tener un secreto preciso al que aferrarse, para mirar con otros ojos y no ser visto, para gritar sin llamar la atención. Ningún ser humano puede aislarse tanto que no vuelva a ser él mismo, y es más, en ese aislamiento, siempre hacia adentro, penetramos cada vez más en nuestro yo, del que jamás podemos huir, por lo que nuestra huida se convierte en un atajo hacia la más puro de nuestro ser. Soy un hombre que ha aplazado su vida durante cuarenta años, durante todo este tiempo he intentado hacer lo debido, me casé, con cierta repugnancia, no lo puedo negar, era una forma de afianzar lo que había conseguido, la escogí de buena familia, relativamente guapa, una aria de los pies a la cabeza, la dejé preñada enseguida, después de todo lo que había pasado, necesitaba tranquilidad y costumbres regulares, mi vida iba encaminada hacia no tener inclinación por nada que fuese no tener inclinación por nada, me hice viejo y mis nietos me regalaron una maceta, el mundo era un lugar extraño y mi mujer era una desconocida, el suelo se abría bajo mis pies, por todos lados gente que no podía recordar, y al mismo tiempo gente que recordaba y no existía, habían desaparecido, lo único que quería era volver a casa, una casa sin techo ni ventanas que me esperaba en algún lugar.

martes, 10 de noviembre de 2009

Tomás


Tomás se ponía en guardia flexionando las piernas y pegando los brazos al cuerpo, luego ponía esa cara de tipo duro que tanto le gustaba a las chicas, Tomás era un chico listo de Chamberí que podía convertir cualquier desperdicio en oro puro, así fue hasta que empezó la guerra, la maldita guerra que todo lo iba a solucionar y que acabó por destruir el coraje de tantos tipos de buena voluntad. Tomás no lo pensó dos veces, se alistó de los primeros, justo después de cumplir los dieciocho, pero el estruendo de las bombas transformaría su forma de ver las cosas, caminando entre los escombros pensó que la guerra no era una fiesta, que el frío y el hambre lo invadía todo, y que de esa forma no iban a llegar muy lejos. Sin embargo alguien tenía que enfrentarse al horror, quién podía negarse. Tomás caminaba en retirada, arrastrando su orgullo por pueblos de paja, maldiciendo a sus enemigos, esperando una nueva oportunidad, algo que le brindara la posibilidad de seguir luchando, pero no llegaba, nunca llegaba, nadie le esperaba al otro lado. A pesar de las humillaciones constantes, de las pérdidas abrasadoras que le ardían por dentro, dejándole vacío, a pesar de los sueños hundidos, de la locura latente que sentía tan cercana, no se rindió, lo sé porque lo vi, creedme, vi como sorteaba a la muerte y a las tormentas, vi como le hablaba a sus hijos, vi como miraba a su esposa, lo vi y es real. El mundo se ha vuelto tan árido y las personas hablan, hablan y hablan sin decir nada y Tomás ya no está entre nosotros. Ese tipo delgado que en medio de la guerra, entre las ruinas de un pueblo bombardeado, construyó un columpio con las vigas derrumbadas de una casa para que los niños siguieran siendo niños.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Moshe antes del encuentro con Schlomo Finkelstein


“Alcé la vista y ahí estaba, era yo, aunque no del todo, al menos una parte podía reconocerla, la otra no, alguien la había desfigurado, tal vez yo mismo, no lo recuerdo, era como si no me hubiese visto nunca antes, era la cara de un desconocido, alguien que me había acompañado durante toda la vida y que ahora pretendía quedarse para siempre, un tipo despreciable que no iba a rendir cuentas con nadie, ni siquiera conmigo, yo iba a pagar sus cuentas, una larga lista de cuentas pendientes que iban acabar conmigo, me levantaba cada día a la seis de la mañana y volvía a casa a las diez de la noche, entretanto decidía quién debía preocuparse por su vida y quién podía seguir una existencia normal, si es que eso era posible, trabajaba para la Stasi, o mejor dicho, yo era la Stasi, fue así hasta que desaparecí, todo ocurre adecuadamente hasta que desapareces, ves tu cuerpo y tu cara o lo que sea, y no sabes a quién diablos pertenece, es raro, pero una cosa está clara, aquel tipo que te mira desde el otro lado no eres tú, entonces, quién eres, quién soy...”

Algo dentro de mí


Algo dentro de mí está cambiando, lo noto en mis sábanas plegadas, en la nevera llena, en las conversaciones con las cajeras, hola, buenos días, buenas, cómo va todo, bien, por aquí, cuidándome un poquito, qué gran día hace hoy, sí, espléndido, hasta luego, gracias, de nada, hasta luego, ciao, guapa, ¿¡cómo!? nada, dije guapa, ¿y eso? No sé, pasó, sin más, pero si ni siquiera me miraste a la cara, cómo que no, sí lo hice, no, no lo hiciste, perdón, no quise incomodarte, no me incomodaste, me gustó lo que dijiste, pero ahora tengo que dejarte, ya sabes, el trabajo me llama, adiós, nos vemos, ciao, guapo, caminando hacia mi casa reflejando mi estupidez en los escaparates del centro, no sería el primer hombre que lo consigue, no es tan peligroso como puede parecer a simple vista, me lo cuentan mientras imito a los tipos de la revista, sonriendo a un cámara imaginaria, nadie escribe un libro si está en paz consigo mismo, digo con el rictus serio como si me fuera la vida en ello, luego viene una ovación cerrada, una multitud en pie aplaudiendo enfervorecida, he ganado el primer premio “Ciudad de Vacaciones”, diez sesiones de yoga y una semana en Benidorm, algo dentro de mí está cambiando, es posible incluso que al fin me convierta en un aventurero, grande y despistado, jugando con mariposas del tamaño de mi mano…

domingo, 8 de noviembre de 2009

Estoy enfadado, muy enfadado

Lucas se muerde la lengua para no herir a la gente, a menudo las cosas que uno piensa dañan, hacen daño, pero si uno nunca las dice puede que la gente siga pensando que todo está bien y no ocurre nada, Lucas se pasó toda la vida ocultando verdades y eso tiene sus propias consecuencias, aprendió que lo difícil no es taparse la boca sino todo lo contrario, hablar, decir que estás enojado, muy enojado, y que ese sentimiento es real y no hay forma de ocultarlo, demasiado intenso para mirar hacia otra parte, Lucas quiere mirar al mundo y, más que al mundo, a ellos, y cuando digo ellos, me refiero a esos tipos ciegos que dicen verlo todo, mienten, son tristes, hombres y mujeres tristes antes incluso de nacer, nosotros somos la vida, dice Lucas, la vida herida por el hombre…