jueves, 9 de septiembre de 2010
Niña prodigio
A la semana siguiente, Tastier, uno de sus vecinos, le habló de un libro que su hija había comenzado a escribir a los cinco años. Lo había titulado Todo lo que dejaré de saber cuando sea mayor. Según Tastier, la niña había comprendido que le estaban arrebatando la vida de las manos, que todo lo que le quedaba por delante era un terreno baldío por el que no podía ni debía transitar. Por ello estaba obligada a ponerlo por escrito, ya que, como también sabía, ella misma lo acabaría olvidando. Aquella, más que ninguna otra, era una época en la que ser un niño era un impedimento, un obstáculo hacia la consumación de los deseos mundanos, un estadio vergonzante cuya salvación se iniciaba con los primeros catecismos y las charlas ejemplarizantes de los mayores. El viejo envidió a aquella niña que había comprendido lo absurdo de la vida e inmediatamente observó que durante un tiempo él también lo había descubierto, y que siendo así, no estaba tan lejos de la salvación. Hacía ya algunas semanas que empezaba a referirse a los adultos como esos tipos terribles, plagados de certezas, que como él, se burlaban de los magos y se apiadaban de los payasos.
viernes, 23 de julio de 2010
Mitic from Beograd
Estoy experimentando la seducción con los ángeles. Y no por ello voy a dejar de percutir mi cuerpo contra la arena, esta arena cubierta de trapos y botellas que me lame la suela de los pies. En mi primera noche la anciana me habló en inglés: «Estarás bien».
Me senté al borde de un lecho iluminado por el crepúsculo, escuchando a través de la pared un catalán arcaico.
Había venido a la isla para inhalar el tiempo absoluto. Los visionarios me soplaban en la cara un olor obsceno.
Me senté al borde de un lecho iluminado por el crepúsculo, escuchando a través de la pared un catalán arcaico.
Había venido a la isla para inhalar el tiempo absoluto. Los visionarios me soplaban en la cara un olor obsceno.
miércoles, 14 de julio de 2010
Gastón o la ambición de ser
Gastón sufría una angustia emocional terrible e incesante y la imposibilidad de compartir o manifestar esa angustia era en sí misma un componente de la angustia y un factor que contribuía a su horror esencial. Por otra parte el trabajo era una enfermedad a la que se aferraba con la obstinación salvaje de un animal en exitinción, convencido de haber pospuesto la vida para más adelante.
viernes, 9 de julio de 2010
La isla blanca
Una adolescente problemática recién salida del correccional que se acuesta con cualquiera que haya contentado a la muerte. Un moldavo que dice ser ruso porque descubrió su vocación imperialista. Culos y tetas redondos que se muestran con naturalidad. Mujeres rubias y hermosas, ojos azules y piel tostada. Dioses germanos que llegan cabalgando sobre las aguas heladas para tumbarse en la arena hiriente de Iberia. La isla blanca sangrante. Una historia de onanistas, de supremacistas blancos, de sudacas cargados de gloria, del Kalevala, de ojos azules que lloran por la muerte de la belleza del mundo. Una historia que no contiene elementos simbólicos. Que no es ninguna metáfora del mundo. Más bien al revés: El mundo es una metáfora de esta historia.
sábado, 26 de junio de 2010
Voces de arena
Puede que hayan pasado años y no supe darme cuenta, puede que el sol ya no sea mi aliado y se fagocite golpeándome las mejillas, puede que esta isla sea tan sólo una trampa y yo no sea más que un cebo inocente. Diez días son muchos si punteamos sus segundos, si los enroscamos y los estiramos sobre la alfombra llena de arena. Cuando digo "arena" lo que quiero decir es gente, gente dentro de mí y que no estoy dispuesto a adoptar. Voces que me aconsejan, que me disuaden, que me discuten, que me ordenan, que me callan, que simplemente comentan o que a veces dicen cosas sin sentido, o sin sentido aparente. Tengo la sensación de estar no sólo habitado, sino bulliciosamente -a veces belicosamente- manejado por otros. Lo que me aparta de la locura es que tengo cierta conciencia de a quién pertenece cada voz, de dónde procede, y desde dónde habla cada uno.
viernes, 11 de junio de 2010
M.
Suerte que el mundo está lleno de locos hermosos como afirmó Baudelaire, que llenan el aire de bellas extravagancias y de destinos imposibles, y nos otorgan el alivio de pensar que hay otra forma de vivir y pensar. Suerte que existes tú.
miércoles, 9 de junio de 2010
Una revolución invisible está en marcha
Gozo no está a salvo de la avaricia. Hoy ni siquiera sus príncipes salieron a fanear. Y no lo hicieron porque ya no es productivo, ni rentable, es un grano en el culo, un inversión baldía, hueca e inútil, que se resiste a desaparecer. Pero el mundo se acaba. Lo que nosotros llamamos mundo se desvanece ahora y aquí, mientras dos camareros ojerosos desmontan una terraza vacía que clama al desánimo. Avergonzados por la indecencia que ha generado la inapelable guerra de precios, apartan la mirada cuando se les pregunta por la carta, como si en ella se hallará el testimonio de sus desgracias. Se arrastran entre las mesas recordando con nostalgia los días de plenitud, las propinas suntuosas, los brindis con los clientes, las fiestas que en su estallido arañaban al tedio y lo convertían en jaurías salvajes. En Gozo, en esta isla esponjosa que sirvió de escondrijo para dioses y titanes, el cielo es de color rojo, nadie lo ve salvo nosotros, tú y yo. Rojo como la arista de sus iglesias que se erigen vigorosas entre las casas humildes, rojo también como el blasón de sus escudos, rojo como tú y como yo, que fuimos blancos, pero ya no más. Presiento el hundimiento que se avecina y deseo, ese mismo que nos concederá una nueva oportunidad. Así es como lo pienso, deberíamos rehacerlo todo y empezar de cero. Fue en una de aquellas noches, uno de aquellos momentos, raros en la vida, en los que se tiene la impresión de que, a pesar de la brutalidad de los días, hay unos cuantos instantes privilegiados, momentos que hay que saber captar y canalizar, momentos que nos salvan de caer y nos lanzan por los aires donde encontramos de pronto todo lo que anhelábamos en tierra. Todos los años de dudas e infortunios, las búsquedas infructuosas, las preguntas hirientes, los falsos éxitos cobran de inmediato un sentido rotundo que se impone por su evidencia. Una revolución invisible está en marcha. Quién vive lo sabe.
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