lunes, 7 de junio de 2010
Melinne
He aquí, pues, me dispongo a seguir la pista a William Bibby, el solitario capitán de fragata que partió del puerto de Gibraltar el 7 de julio de 1784 dejando a su paso un reguero de versos pendientes. Se lo explico al camarero que me mira con el mismo desdén que no he parado de coleccionar desde el primer momento en que puse los pies en esta isla. A los ojos de sus habitantes no soy más que un turista excéntrico que deja poca propina y pregunta demasiado, aún así, Gozo, me contagia optimismo. Estoy sentado en una taberna del puerto de Marsalforn dispuesto a comprobar, si como dicen, la mesa es, en su mayor parte, espacio vacío. Y lo es. Por Dios que lo es, un vacío que encierra en sí mismo una larga y pesada travesía por la que, quiera o no, deberé transitar. Es tarde e intento memorizar todo lo que ven mis ojos, quiero retenerlo, metabolizarlo, convertirlo en una extensión de mi cuerpo, porque de otro modo acabaré olvidándolo. Pretendo llevar un registro detallado de los hechos que me acercan a la vida, y eso, aunque suene raro, me lleva en ocasiones a la muerte. Esta palpitante verdad florece en cuanto el camarero me explica que en su isla ya nadie recuerda los días en que los pescadores salían radiantes a fanear, y que ahora, ahogados por las deudas, deambulan angustiados por los muelles. Y aún así no puedo quitarme de la cabeza que hace un rato, en esta misma terraza, cuando el sol empezaba a encogerse, he visto a la mujer más hermosa del mundo. Se llama Melinne y alarga las eses hasta convertirlas en serpientes.
viernes, 4 de junio de 2010
Una piel salvaje
Procuraba no pensar en el futuro o en el pasado y se imaginó aferrado a aquel momento, el precioso presente, como un escalador sin cuerda en un acantilado, apretando fuerte la cara contra la roca y sin osar moverse. Un agradable aire frío acariciaba su torso desnudo. Escuchaba el percutir de las olas lejanas, los graznidos de las gaviotas y el sonido aún latente de sus sueños rotos.
jueves, 3 de junio de 2010
Como dos moscas minúsculas
–¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti? –me preguntó.
–¿Qué? -contesté.
Me agarró del cuello y me atrajo hacia ella susurrándome en la mejilla.
–Cómo se te marcan las venas de los antebrazos. Y la musculatura que te recorre la cintura.
–Eso es muy superficial, Lucía.
–No se puede ser profundo sin superficie -respondió.
–¿Qué? -contesté.
Me agarró del cuello y me atrajo hacia ella susurrándome en la mejilla.
–Cómo se te marcan las venas de los antebrazos. Y la musculatura que te recorre la cintura.
–Eso es muy superficial, Lucía.
–No se puede ser profundo sin superficie -respondió.
miércoles, 2 de junio de 2010
Marsalforn
La vida se revela ante mis ojos en Marsalforn. Ella, triste y cabizbaja, quiere tenderle la mano cuando él la solicita, pero no puede, es incapaz siquiera de alzarla sobre la mesa. Los miro y me veo a mí mismo buscando un lugar donde esconderme. Te seguiré a donde vayas, le dije, y ahora me arrepiento. Toneladas de palabras viejas como huellas abandonadas en la arena se disponen a erguirse sobre el paseo. Si en este preciso momento tomase el deseo su forma más perfecta adoptaría la silueta de un pájaro volando hacia mi isla. Pero sigo en Marsalforn, donde mis ojos están aprendiendo a mirar.
lunes, 31 de mayo de 2010
Noche en la bahía
Dar aquel paso era como desenmascararme a mí mismo, revelarme cuan anómalo podía llegar a ser. Hasta entonces había vivido extrañamente aislado en el seno de una normalidad apabullante, una normalidad que se acrecentaba día a día y que no dejaba lugar para nada más. En la isla todo era diferente. Conseguía detenerme a pensar y lo que pensaba me animaba a seguir hacia adelante. Durante las noches, adormilado por el vino gozitano, la pequeña luz de la vela agigantaba las sombras de los camareros, que, entre susurros, conspiraban contra el capataz. La vida, la vida entera que no había dejado de imaginar, estaba allí como un acontecimiento único, casi excesivo.
martes, 25 de mayo de 2010
Gozitian deligths
Le gustaba pensar en sí mismo como un pez, colándose en cuevas ajenas donde la oscuridad parecía recubierta por una fina manta de alegría. Tenía que sentarse y pensar, pensar en todo lo que había ido dejando para mañana. Se echaba hacia un lado y recitaba sus oraciones aunque estuviera demasiado cansado para rezarlas, sólo por el mero hecho de sentir las palabras llenando su boca. "Nunca debería alejarme de este pueblo, decía, pronto llegará el día en que los buenos pescadores me llamen por mi nombre". Sentía todo el peso de su alejamiento, el vasto territorio conquistado sin motivación ni propósitos. Se había aurrinado y con él se había llevado a muchos otros. "No seas idiota -dijo en voz alta-. Y no te duermas. Gobierna tu bote. Todavía puedes tener mucha suerte. Hazlo. Sí, hazlo.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Lo sabía, y un día, dejó de saberlo.
Contaba la tragedia y la comedia de la imparable pérdida de la inocencia, la imposibilidad de crecer sin dolor, sin romperse. Madurar era caer en la corrupción insensible de los adultos.
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